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lunes, 13 de octubre de 2008

La conmoción de los muros por Frei Betto

En el 2009 se cumplirán veinte años de la caída del muro de Berlín, símbolo de la bipolaridad del mundo dividido en dos sistemas: capitalista y socialista. Ahora asistimos al declive de Wall Street (Calle del Muro), en la cual se concentran las sedes de los mayores bancos e instituciones financieras.

El muro que da el nombre a la calle de Nueva York fue levantado por los holandeses en 1652 y tirado por los ingleses en 1699. Nueva Amsterdam cedió su lugar a Nueva York.

El apocalipsis ideológico en el Este europeo, nunca previsto por ningún analista, fortaleció la idea de que fuera del capitalismo no hay salvación. Ahora bien, la crisis del sistema financiero derriba el dogma de la inmaculada concepción del libre mercado como única panacea para el buen desempeño de la economía.

Todavía no es el fin del capitalismo, pero quizás sea la agonía del carácter neoliberal que hipertrofió el sistema financiero. Acumular fortunas se convirtió en más importante que producir bienes y servicios. La burbuja especulativa se infló y de repente explotó.

Se repite, sin embargo, la vieja receta: después de privatizar las ganancias, el sistema socializa las pérdidas. Con lo cual se desmorona la cantilena de "menos Estado y más iniciativa privada". A la hora de la crisis se acude al Estado como tabla de salvación en forma de US$ 700 mil millones (el 5% del PIB de los EE.UU. o el costo de todo el petróleo consumido durante un año en dicho país), que serán inyectados para darle respiración al sistema financiero.



El programa Bolsa Hartura de Bush reúne garantía suficiente para erradicar el hambre del mundo. ¿Pero quién se preocupa de los pobres? Debido al aumento del precio de los alimentos, en los últimos doce meses el número de hambrientos crónicos subió de 854 millones a 950 millones, según Jacques Diouf, director general de la FAO.

¿Quién pagará la factura del Proer usamericano? La respuesta es obvia: el contribuyente. Se prevé el desempleo inmediato de 11 millones de personas vinculadas al mercado de capitales y a la construcción civil. Los fondos de pensión, descapitalizados, no podrán cubrir los derechos de millones de jubilados, sobre todo de quien invirtió en seguridad privada.

La restricción del crédito tiende a inhibir la producción y el consumo. Los bancos de inversión ponen sus barbas en remojo. Aumentarán los impuestos. El mercado quedará en régimen de libertad vigilada: sirve ahora el modelo chino de control político de la economía, y ya no el control de la política por la economía, como sucede en el neoliberalismo.

En 1967 J.K. Galbraith llamaba la atención sobre la crisis del carácter industrial del capitalismo. Nombres como Ford, Rockefeller, Carnegie o Guggenheim, ejemplos de personas emprendedoras, desaparecían del escenario económico para dar lugar a una amplia red de accionistas anónimos. El valor de la empresa se desplazaba del parque industrial a la Bolsa de Valores.

En la década siguiente Daniel Bell alertaba sobre la asociación íntima entre información y especulación, y advertía sobre las contradicciones culturales del capitalismo: el ascetismo (= acumulación) en choque con el estímulo consumista; los valores de la modernidad destronados por el carácter iconoclasta de las innovaciones científicas y tecnológicas; ley y ética en antagonismo cuanto más el mercado se constituye en árbitro de las relaciones económicas y sociales.

Si la caída del muro de Berlín trajo al Este europeo más libertad y menos justicia, introduciendo desigualdades lacerantes, la conmoción de Wall Street obliga al capitalismo a repensarse. ¿El casino global vuelve al mundo más feliz? Es obvio que no. El fracaso del socialismo real ¿significa la victoria del capitalismo virtual (real sólo para 1/3 de la humanidad)? Tampoco.

El fracaso del capitalismo no se mide por sus crisis financieras sino por la exclusión -de acceso a los bienes esenciales de consumo y a los derechos de ciudadanía, como alimentación, salud y educación- de 2/3 de la humanidad. Son cuatro mil millones de personas las que, según la ONU, viven entre la miseria y la pobreza, con un ingreso diario inferior a US$ 3.

Lo que hay que buscar con urgencia es otro mundo posible, económicamente justo, políticamente democrático y ecológicamente sustentable.

Frei Betto, escritor
Fuente: Adital.com.br

jueves, 18 de septiembre de 2008

Y el empresario se hizo comunista

A la palestra el presidente de la patronal, Díaz Ferrán...

- ¡Hay que hacer un paréntesis en la economía de libre mercado! -






Neoliberalismo con piel de gallina. Bancos centrales asustados. Estados paternales consitiendo los desmanes de sus pródigas empresas.

Nadie se atreve a dejar que el sistema se engulla a si mismo.




Los funcionarios no funcionan.
Los políticos hablan pero no dicen.
Los votantes votan pero no eligen.
Los medios de información desinforman.
Los centros de enseñanza enseñan a ignorar.
Los jueces condenan a las víctimas.
Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
Los policías no combaten los crímenes porque están ocupados en cometerlos.
Las bancarrotas se socializan, las ganancias se privatizan.

Es más libre el dinero que la gente.

La gente está al servicio de las cosas.

Del Libro de los abrazos, Eduardo Galeano

martes, 17 de junio de 2008

Incomodidades en el Estado del Confort

Son personas incómodas, vamos a reconocerlo.

Son pequeñas conciencias vivientes, que afloran en lo más recóndito de los ambientes sociales, que se reunen los domingos por las tardes en lúgubres salones de parroquia de barrio cual clandestinos y que en su fuero interno albergan ante todo una confianza excesiva y necesariamente utópica en el cambio. Son críticos, y también críticas, hasta de su propia existencia. Buscan la verdad caiga quien caiga, y es eso mismo lo que les hace encontrarla.
Pero al mismo tiempo, no son agoreros predicadores que pronostican negros nubarrones e infiernos terrenales. Creen en la esperanza como motor de la revolución de las conciencias y huyen del odio, la confrontación, el pesimismo, el abatimiento. Crítica alternativa.

Son al fin y al cabo, pequeños regalos que a diario te encuentras en la escuela, en asambleas, en amenas charlas de café, en el periódico, e incluso en internet. Constituyen argumentos que agradecer, son modelos a seguir y más que nada, a escuchar.

José María Castillo es uno de estos pequeños regalos. Teólogo, vicepresidente de la asociación de teólogos y teólogas Juan XXIII y ex-jesuíta, ha sostenido desde hace mucho tiempo una postura muy crítica hacia la jerarquía católica en temas como la cuestión moral del dinero y el consumo, las relaciones Estado-Iglesia o la educación religiosa en las escuelas. Este espíritu crítico y orante le ha valido numerosos rapapolvos que para nada han minado su voluntad de lucha por difundir un mensaje en el que cree, y que como el mismo explica, implica compromiso y esperanza.

El pasado miércoles 11 de junio, publicaba en la revista digital MOCEOP (http://www.moceop.net/spip.php?article511) un incómodo artículo a razón de la inminente crisis económica y de sistema que se abate sobre nuestras sociedades capitalistas. En dicho artículo, Castillo llama a esa revolución de las conciencias anteriormente citada que permita darnos cuenta que "este tren no es el nuestro". Tiende la mano al ser humano haciéndole ver que parte de la solución esta en su poder; en como consume; en que lujos asientan su vida; en que gasta sus fuerzas...
No basta echar balones fuera ante una situación que afecta a todo el mundo, partidarios o no del sistema, y pensar que las soluciones deben partir de las altas esferas. Castillo cree en el poder del individuo, es esperanza pura y utópica.

Aunque incómodo el compromiso al que invita. -Replanteate la vida, si de veras te preocupa la crisis- ,de un modo u otro llama a vivir de tal manera que "futuros reajustes económicos" no minen nuestra capacidad de ser felices. Castillo cree en esa margen del sistema, que estando dentro permite desarrollar esa perspectiva crítica desde la que soñar el cambio, al mismo tiempo que nos habilita para escapar del influjo de tantas ataduras que coartan nuestra libertad.

Incómodo eso si, pero tan cierto que a veces asusta y dan ganas de que se vaya la luz!