Andaremos a veces despistados, sin saber donde nos llevan los pasos, con el sol de la tarde por frontera. Brindaremos por las batallas perdidas, con vino viejo y en botella. Allá donde haya miedo hablaremos de esperanza, y bien de mañana abriremos las ventanas. Porque ya es hora de hablar en serio, de darse hostias contra el doble cristal de lo posible.
No hace falta cargar con nada del pasado; ante tí sólo un sol naranja que se ha cansado de vivir por hoy, pero que regresará mañana si nosotros le dejamos.